RDÉ DIGITAL, HAITÍ.- Durante más de treinta años, Haití ha sido escenario de múltiples intervenciones internacionales destinadas a restaurar la estabilidad política y combatir la violencia.
Desde 1993, al menos diez operaciones, auspiciadas por las Naciones Unidas o en coordinación con otros organismos, han intentado contener una crisis que combina factores políticos, institucionales y humanitarios. Sin embargo, la retirada de la más reciente fuerza internacional reabre el debate sobre la efectividad de estos despliegues.
La primera operación, la Misión Civil Internacional ONU-OEA (MICIVIH), llegó en 1993 para supervisar el respeto a los derechos humanos tras el golpe de Estado de 1991. Con el paso de los años, las misiones evolucionaron desde la observación civil hacia el apoyo directo en seguridad y reestructuración institucional.
Le siguieron operaciones como la UNIMH, UNSMIH, UNTMIH, MIPONUH y MICAH, todas con un enfoque gradual en la profesionalización de la Policía Nacional Haitiana y el sostenimiento del orden público. Sin embargo, los avances fueron limitados por la falta de gobernabilidad y la violencia persistente.
MINUSTAH, la intervención más larga
La intervención más prolongada fue la Misión de Estabilización de la ONU en Haití (MINUSTAH), que permaneció 13 años en el país con un contingente que superó los 11,000 efectivos. Además de enfrentar disturbios y crisis políticas, debió responder al terremoto de 2010, que dejó más de 220,000 muertos, entre ellos 96 miembros del personal de la ONU.
Pese a su magnitud, la misión quedó marcada por escándalos de abuso sexual, acusaciones de uso excesivo de fuerza y la introducción del cólera en 2010, lo que debilitó su legitimidad ante la población haitiana.
La más reciente intervención, la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad (MSS), liderada por Kenia, se desplegó en 2024 con el mandato de apoyar a la Policía Nacional en la lucha contra bandas criminales. Aunque estaba prevista para contar con 2,500 efectivos, solo se instalaron cerca de 1,000, en su mayoría kenianos.
Tras año y medio de operación, la fuerza iniciará su retirada sin haber logrado reducir la violencia a niveles significativos. Se estima que más de 1.3 millones de personas han tenido que desplazarse internamente debido al control territorial de los grupos armados.
Frente a este escenario, Panamá y Estados Unidos presentaron una propuesta para transformar la actual misión en una “fuerza de combate contra bandas”, integrada por 5,500 efectivos y con participación militar directa. El debate ahora se centra en si un enfoque más contundente puede lograr lo que tres décadas de misiones tradicionales no consiguieron.

