RDÉ DIGITAL, SANTO DOMINGO.- El presidente de El Salvador, Nayib Bukele, formalizó su inscripción como precandidato por el partido Nuevas Ideas para optar por un tercer mandato consecutivo en las elecciones generales de 2027. Además, la decisión se produce en un contexto político marcado por reformas constitucionales aprobadas en 2025 que habilitaron la reelección indefinida y adelantaron el calendario electoral. Por lo tanto, el proceso ha generado un amplio debate institucional dentro y fuera del país.
Asimismo, el anuncio fue confirmado la noche del 28 de junio de 2026 por la organización oficialista. Sin embargo, la candidatura ya era anticipada por analistas políticos tras los cambios normativos recientes. En consecuencia, el escenario electoral se reconfigura alrededor de la figura del mandatario.
Alto nivel de aprobación ciudadana
Las encuestas más recientes muestran que Bukele mantiene un respaldo elevado. En concreto, el 87.8 % de los salvadoreños califica su gestión como “muy buena” o “buena”, según el Instituto Universitario de Opinión Pública de la UCA. Además, el estudio le otorga una nota promedio de 8,24 sobre 10.
Por otra parte, la medición de LPG Datos reporta una aprobación del 85,5 %. Sin embargo, esta cifra refleja una leve disminución frente a períodos anteriores. En consecuencia, la tendencia sugiere estabilidad en el apoyo ciudadano, aunque con señales de ajuste en la percepción económica.
Seguridad como principal base de apoyo
El factor más destacado en los niveles de aprobación es la seguridad. Según los estudios, más del 77% de la población identifica la reducción de la violencia como el principal logro del gobierno. Además, encuestas de CID Gallup reportan niveles de satisfacción cercanos al 98 % en esta área. Por lo tanto, la narrativa de control de pandillas sigue siendo el eje central del respaldo político.
Asimismo, rankings regionales colocando a Bukele entre los presidentes mejores valorados de América Latina. Sin embargo, algunos indicadores muestran un nivel de aumento en preocupaciones económicas como costo de vida y empleo. En consecuencia, el panorama electoral combina alta popularidad con retos emergentes en la percepción ciudadana.

