RDÉ DIGITAL, ARGENTINA.-El cierre de la temporada del ballet Don Quijote en el Teatro Colón dejó una postal inolvidable para los amantes de la danza clásica. La última función congregó a una multitud que llenó tanto la sala como las veredas del icónico teatro porteño, en una noche marcada por la emoción, la ovación sostenida y un ambiente de verdadero fervor cultural.
La estrella indiscutida de la velada fue Marianela Núñez, quien interpretó el papel de Kitri con una técnica impecable y carisma arrollador. Al concluir el espectáculo, Núñez se acercó al público que la aguardaba desde temprano en la entrada principal. Firmó programas, se tomó fotografías y compartió gestos de gratitud con los asistentes, en un momento de cercanía muy celebrado por los seguidores del ballet.
Junto a ella estuvo Patricio Revé, su compañero en escena, con quien compartió varios de los momentos más ovacionados de la noche. Ambos recibieron el reconocimiento unánime del público, que se puso de pie en el aplauso final.
Uno de los momentos más destacados fuera del escenario fue la presencia de Julio Bocca, quien ocupó uno de los palcos. Al ser identificado por los asistentes, recibió una ovación especial, símbolo del cariño y la admiración que aún genera entre el público argentino y la comunidad artística.
El clima de celebración traspasó los muros del teatro. En las veredas se vieron largas filas de personas que esperaban saludar a los bailarines, cánticos espontáneos, carteles de agradecimiento y un sentimiento colectivo de alegría por una puesta que marcó un hito en la temporada.
La función final de Don Quijote no solo clausuró un ciclo artístico, sino que dejó en evidencia el impacto que todavía genera el ballet en la vida cultural de Buenos Aires. Para muchos, fue una noche de emociones compartidas y un ejemplo de cómo el arte puede convocar, conmover y reunir.

