RDÉ DIGITAL PUERTO PRINCIPE (AFP).- Philomène Dayiti es una entre cientos de miles de haitianos afectados por la creciente violencia de pandillas en su país. Hace año y medio, tuvo que abandonar su hogar en Bas-Delmas, un área peligrosa de la capital, y refugiarse en una iglesia convertida en campo para desplazados internos.
“Me gustaría volver a casa, encontrar un lugar donde descansar. No puedo quedarme aquí por siempre”, compartió Dayiti con AFP.
En la iglesia internacional primitiva, ubicada en Delmas 19, cerca de Puerto Príncipe, ahora residen unas 800 personas en condiciones precarias, colgando sus pertenencias en las paredes y cuerdas de ropa.
La violencia de las bandas, que se intensificó con ataques coordinados desde febrero, ha dejado a un 80% de Puerto Príncipe bajo su control. Las actividades delictivas incluyen asesinatos, violaciones, saqueos y secuestros, forzando a muchos como Roberto, quien vivía en Croix-Des-Bouquets, a buscar refugio en lugares como esta iglesia.
“En la mañana del 21 de enero de 2023, mientras estábamos ocupados en nuestras tareas diarias, oímos varios disparos”, relató Roberto, padre de dos adolescentes. “Luego vimos cómo bandidos armados invadían la zona. Nos dijeron que mantuviéramos la calma y que el barrio estaba bajo su control”.
Para evitar ser utilizados como escudo humano durante operativos policiales, Roberto y su familia huyeron sin llevar consigo ninguna pertenencia.
El pastor Méus Lotaire de la iglesia internacional primitiva reconoce los desafíos de gestionar un espacio lleno de desplazados de diferentes áreas, enfrentando problemas como la escasez de baños y acceso limitado a atención médica.
La organización no gubernamental Alima está proporcionando cuidados médicos esenciales, incluyendo unidades móviles que atienden a cientos de pacientes, como Nehemie Laguerre, quien dio a luz recientemente y recibió atención en el campamento.
La situación subraya la urgencia de una respuesta humanitaria efectiva para asistir a los desplazados internos en Haití, mientras las autoridades de transición enfrentan una tarea monumental para restaurar la seguridad y la estabilidad en la región.

