RDÉ DIGITAL, WASHINGTON.- Los programas de ayuda financiados por Estados Unidos en todo el mundo atraviesan una crisis sin precedentes debido al congelamiento de fondos ordenado por la administración Trump. Este paro, que afecta a casi toda la ayuda extranjera, ha provocado despidos masivos, cierres de programas y una creciente incertidumbre en sectores clave como la salud, la educación y la asistencia humanitaria.
El secretario de Estado, Marco Rubio, permitió la continuidad de algunos programas humanitarios esenciales, como la distribución de medicamentos, alimentos y refugio, pero los recortes siguen afectando gravemente a miles de personas. Organizaciones como Oxfam América han expresado su preocupación, destacando que el congelamiento pone en peligro la vida de refugiados, personas con enfermedades graves y otras comunidades vulnerables en todo el mundo.
A pesar de las excepciones anunciadas, el congelamiento también impactó operaciones militares y programas de ayuda en países como Ucrania, aunque la asistencia a su ejército sigue recibiendo fondos por separado del Departamento de Defensa. Sin embargo, el cierre de programas civiles de apoyo vital para la estabilidad de Ucrania y otros países muestra el alcance de las restricciones impuestas por la administración Trump.
En África, especialmente en Zimbabue, el impacto es devastador. El Programa de Emergencia del Presidente para el Alivio del SIDA (PEPFAR), creado por el gobierno de George W. Bush, ha sido blanco de los recortes, lo que pone en riesgo el tratamiento de millones de personas con VIH/SIDA, como lo expresó Gumisayi Bonzo, directora de una ONG local.
Mientras tanto, expertos como Gyude Moore han calificado este congelamiento de “cruel”, argumentando que la suspensión de ayuda a regiones críticas afectará no solo a las comunidades beneficiarias, sino también a la influencia global de Estados Unidos frente a competidores como China.

