RDÉ DIGITAL, SANTO DOMINGO.- Tras el ajusticiamiento de Rafael Leónidas Trujillo en mayo de 1961, el Consejo de Estado asumió la tarea de estabilizar el país y organizar elecciones libres.
Los comicios se celebraron el 20 de diciembre de 1962, siendo los primeros en más de tres décadas de dictadura. Juan Bosch, fundador del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y opositor al régimen trujillista desde el exilio, resultó ganador con un 58.7% de los votos frente a Viriato Fiallo de la Unión Cívica Nacional, que obtuvo un 30.1%.
El 27 de febrero de 1963 Bosch tomó posesión con un discurso orientado a la austeridad y la reorganización del Estado, subrayando la necesidad de controlar el gasto público y fortalecer la economía.
Reformas y primeras medidas
Durante sus siete meses de gobierno, Bosch impulsó reformas que buscaban transformar la vida social y económica del país:
- Reducción de salarios en la administración pública, incluido el suyo, que bajó de 5,000 a 500 pesos.
- Regulación de precios en productos de la canasta básica.
- Créditos blandos para pequeñas industrias.
- Plan Nacional de Alfabetización y ampliación de la cobertura de salud pública.
- Creación de escuelas vocacionales, becas internacionales y una zona franca en Puerto Plata.
- Promoción de la energía hidroeléctrica y mejoras en la producción pesquera.
Además, la Constitución de 1963 introdujo principios progresistas: condena del latifundio, prohibición de tierras a extranjeros, libertad sindical y control de los precios del azúcar.
El rechazo de los sectores de poder
Estas medidas afectaron intereses de la oligarquía, la Iglesia y los militares, quienes veían limitado su poder frente a un Ejecutivo con orientación social.
El alto clero, a través de las llamadas “reafirmaciones cristianas”, acusó al gobierno de Bosch de ser anticatólico. Empresarios se opusieron a los topes de ganancias y a las garantías para los sindicatos, mientras que las Fuerzas Armadas reclamaban las prebendas perdidas, como las comisiones en compras militares.
Estados Unidos, temeroso de un escenario similar a la revolución cubana, también miraba con desconfianza las políticas de Bosch. El “secreto a voces” de un golpe de Estado se convirtió en realidad a los pocos meses.
El golpe de septiembre de 1963

La noche del 24 de septiembre, Bosch fue convocado al Palacio Nacional por los jefes militares. En la madrugada del 25 de septiembre, apenas dos días antes de cumplir siete meses en el poder, el presidente fue derrocado.
Los medios titularon: “Deponen a Juan Bosch de Presidencia… Triunvirato asumirá el poder…”. Bosch fue apresado y poco después enviado al exilio.
Ese mismo 26 de septiembre publicó una carta de despedida al pueblo, en la que defendió su gobierno:
“Nos hemos opuesto y nos opondremos siempre a los privilegios, al robo, a la persecución y a la tortura… Los hombres pueden caer, pero los principios no. Nosotros podemos caer, pero el pueblo no debe permitir que caiga la democracia”.
Consecuencias inmediatas y guerra civil
El poder quedó en manos de un triunvirato que, tras la renuncia de Emilio de los Santos, terminó bajo la presidencia de Donald Reid Cabral. Su mandato se vio marcado por crisis económicas y protestas sociales, lo que desencadenó la Guerra de Abril de 1965.
El conflicto dividió al país en dos: los constitucionalistas, que pedían el regreso de Bosch y la vigencia de la Constitución de 1963, y los sectores militares y conservadores que defendían el statu quo.
La guerra civil provocó la segunda intervención militar de Estados Unidos en República Dominicana, que se prolongó hasta 1966, cuando se celebraron nuevas elecciones.
El ascenso de Joaquín Balaguer
En los comicios de 1966, Bosch no participó. El poder recayó en Joaquín Balaguer, quien había sido una de las figuras clave del trujillato. Balaguer se mantendría en la Presidencia de manera ininterrumpida hasta 1978, marcando el rumbo político del país durante más de una década.
Un legado inconcluso
El gobierno de Juan Bosch fue breve, pero sembró las bases de la democracia moderna en República Dominicana. Sus reformas sociales y su Constitución progresista chocaron con los sectores de poder que, unidos al conservadurismo militar y religioso, frenaron un proyecto que buscaba combinar libertad con justicia social.
Hoy, 62 años después, aquel golpe de Estado sigue siendo recordado como la primera gran derrota de la democracia dominicana tras la era de Trujillo.


