En su aniversario redondo, la gala organizada por la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España reafirma el diálogo entre España y América Latina.
Desde 1987, el Premio Goya a la Mejor Película Iberoamericana reconoce obras que exploran memoria, identidad, desigualdad y conflictos sociales. Además, funciona como plataforma europea para industrias emergentes y consolidadas.
En esta edición, cinco títulos compiten tras una selección inicial de quince. En consecuencia, el mapa cinematográfico iberoamericano vuelve a mostrar su diversidad estética y política.
Argentina impacta con ‘Belén’
La favorita llega desde Argentina con Belén, dirigida y protagonizada por Dolores Fonzi.
La película reconstruye el caso real de una joven tucumana condenada tras sufrir un aborto espontáneo. Estuvo 881 días en prisión antes de recuperar la libertad. Por tanto, el filme denuncia fallas estructurales del sistema judicial.
El proyecto nació tras el gesto público de Fonzi en los Premios Platino. Más tarde, la historia fue recogida en el libro Somos Belén. Con guion de Laura Paredes y música de Marilina Bertoldi, la cinta cuestiona la vulneración de derechos reproductivos en Argentina.
Fonzi consolidó su prestigio internacional con La patota, papel que le valió la Concha de Plata en San Sebastián. Luego debutó como directora con Blondi. Ahora, compite por el Goya con una obra de fuerte impacto social.
Brasil denuncia con ‘Manas’
Desde Brasil compite Manas, ópera prima de ficción de Marianna Brennand.
La historia aborda la violencia sexual sistémica en comunidades aisladas de la isla de Marajó. Asimismo, busca visibilizar casos que rara vez encuentran justicia.
Protagonizada por Jamilli Correa y respaldada por Dira Paes, la cinta ha sido elogiada por su valentía. Según su directora, el objetivo es que el espectador no aparte la mirada ante una realidad incómoda.
Colombia reflexiona en ‘Un poeta’
Colombia apuesta por la madurez narrativa con Un poeta, dirigida por Simón Mesa Soto.
El filme sigue a un poeta envejecido que enfrenta sus fracasos y la memoria histórica. De este modo, explora la fragilidad del tiempo y el peso del pasado en una sociedad en tensión.
Mesa Soto mantiene su estilo humanista y depurado. Además, refuerza la importancia de la literatura como refugio frente a la incertidumbre.
Chile apuesta por el realismo mágico
Chile compite con La misteriosa mirada del flamenco, ópera prima de Diego Céspedes.
Ambientada en los años ochenta, la historia retrata una comunidad minera marcada por el miedo al VIH. Una niña crece en una familia queer señalada por prejuicios.
La cinta combina drama social y atmósfera onírica. Además, construye un western moderno donde la búsqueda de justicia enfrenta violencia y estigmatización.
Costa Rica apuesta por la intimidad
Desde Centroamérica llega La piel del agua, dirigida por Patricia Velásquez.
La película narra el duelo de una adolescente que intenta reconstruir la relación con su padrastro tras un accidente familiar. En consecuencia, propone un relato íntimo sobre reconciliación y crecimiento emocional.
Costa Rica consolida así su presencia en los Goya con una obra sensible y generacional.
Un continente que dialoga en la pantalla
Las cinco nominadas reflejan problemáticas comunes. Sin embargo, cada una ofrece una mirada singular.
En conjunto, estas películas confirman que el cine iberoamericano mantiene un diálogo activo con España. Además, proyecta historias locales hacia un escenario global cada vez más interconectado.
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