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En México no hay segunda vuelta electoral y el gobierno dura 6 años

RDÉ DIGITAL, MÉXICO. – Es una costumbre extendida por casi toda América Latina: cuando en una elección presidencial ningún aspirante alcanza una mayoría clara, se lleva a cabo una segunda votación para determinar al vencedor entre los mejor posicionados.

Eso no sucede en México, uno de los seis países de Latinoamérica donde no existe segunda vuelta electoral, junto con Honduras, Nicaragua, Panamá, Paraguay y Venezuela.

Además, México y Venezuela son los únicos dos países de la región donde el presidente ejerce durante seis años.

En México en los últimos 20 años se han realizado intentos por establecer la segunda vuelta, pero sin éxito.

El tema se retoma en contiendas reñidas o con alguna controversia, pero hasta el momento prevalece el método de mayoría relativa para seleccionar al presidente de la república, gobernadores, alcaldes, legisladores y la mayoría de los cargos públicos.

Es decir, gana quien recibe el mayor número de votos.

El actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, triunfó en 2018 con un 53 % de apoyo del electorado, pero en las cuatro elecciones presidenciales previas ningún candidato superó el 50 % de los votos.

Queda por ver qué ocurrirá el próximo 2 de junio, cuando los mexicanos vuelvan a las urnas, probablemente para elegir a su primera presidenta entre las dos mujeres que encabezan los sondeos.

Cuestión de legitimidad

El sistema de segunda vuelta o balotaje (como también se le conoce por su origen, ballotage) surgió en Francia en la década de 1850 y desde entonces fue adoptado por otros países para las elecciones de jefes de Estado y legisladores.

Aunque tiene varias formas, la idea central es que si ningún candidato logra un umbral mínimo de votos (generalmente más del 50 %), los dos más respaldados en las urnas en esa primera jornada o “vuelta” avanzan a una segunda donde uno consigue la victoria absoluta.

“El propósito básico del método de segunda vuelta es asegurar que el candidato o lista ganadora, ya sea en la primera o segunda vuelta, tenga detrás una mayoría significativa de votos, otorgándole así una mayor legitimidad”, explica el politólogo Gustavo Ernesto Emerich en su análisis “La Segunda Vuelta Electoral: modalidades, experiencias y consecuencias políticas”.

Los candidatos que pasan a la segunda vuelta deben negociar con fuerzas que no lo hicieron, lo que, en teoría, lleva a gobiernos que representan a una mayoría del espectro político de un país.

En el caso de América Latina, Costa Rica fue el primero en adoptar el sistema en 1949 y desde entonces se unieron Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Perú, República Dominicana y Uruguay.

Nicaragua también contemplaba la segunda vuelta, pero en 2021 una reforma impulsada por el presidente la eliminó.

Emerich señala que la segunda vuelta no siempre sirvió a los objetivos de legitimidad y equilibrio esperados. Menciona el caso de Alberto Fujimori en Perú, que ganó en dos vueltas en 1992 y luego utilizó su poder para eliminar a la disidencia.

Los presidentes Fernando Collor de Mello (Brasil), Abdalá Bucaram o Jamil Mahuad (Ecuador) fueron destituidos a pesar de tener la legitimidad de la segunda vuelta.

El sistema “parece no estar directamente relacionado con la estabilidad política que se pretende lograr con él”, considera Emerich.

Segunda vuelta “innecesaria” bajo el PRI

En México, durante casi todo el siglo XX, la hegemonía política del Partido Revolucionario Institucional (PRI) hizo innecesaria una segunda votación.

En casi todas las elecciones en las que ganó el PRI (entre 1928 y 1994), sus candidatos siempre obtuvieron una victoria clara. De hecho, hubo una elección presidencial (1976) en la que solo apareció en las papeletas el nombre del candidato oficialista, sin ningún adversario.

Pero a partir de 1988, se hizo evidente una competencia cada vez más reñida en la que los resultados eran más ajustados, lo que hacía lógica la necesidad de una segunda vuelta. Carlos Salinas de Gortari fue declarado ganador ese año entre fuertes reclamos de fraude.

Y en 1994, Ernesto Zedillo no alcanzó la marca del 50 % de los votos (48 %).

Pero ni esos resultados ni los posteriores llevaron a los legisladores a tener un consenso para modificar la Constitución y exigir que quien ganara lo hiciera con el respaldo de más de la mitad de los votantes.

Un tema que no se cuestiona en México

Para los expertos en materia política, con una segunda vuelta, México pudo haber evitado problemas electorales como los vistos en las últimas décadas en elecciones presidenciales, estatales y locales donde no se logró una clara mayoría.

Además de las cuestionadas elecciones de 1988 y la caída por debajo del umbral del 50 % seis años después, el escenario político vio en 1997 al PRI perder por primera vez la mayoría en la Cámara de Diputados.

A partir de ese momento y hasta 2018, ninguno de los presidentes del país logró un respaldo superior a la mitad de los votantes registrados: Vicente Fox ganó con un 42 %; Felipe Calderón con un polémico 36,38 % y solo 0,56 % de ventaja; y Enrique Peña Nieto solo alcanzó el 38 % de los sufragios.

Eso significó que hubo más votantes que eligieron otra opción que la que asumió la presidencia de México.

Calderón impulsó en 2009 y 2012 iniciativas para legalizar una segunda ronda de votaciones en contiendas con resultado reñido.

Esas propuestas se sumaron a las de una veintena de diputados y senadores que tuvieron el mismo resultado: quedaron archivadas en los pendientes legislativos.

López Obrador, en cambio, ganó con más del 53 % de apoyo electoral.

Otra peculiaridad del sistema mexicano es el mandato de seis años que tiene un presidente.

Venezuela y México son los únicos dos países de América Latina donde el periodo de gobierno es de seis años. En el resto de los países de la región, los presidentes están al frente del gobierno durante

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