RDÉ DIGITAL, ESTADOS UNIDOS (EFE).- A un mes de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, la contienda entre la vicepresidenta Kamala Harris y el expresidente Donald Trump se perfila como una de las más indecisas y tensas de los últimos años.
A pesar de los sobresaltos vividos, como los intentos de asesinato contra Trump en julio y septiembre, ambos candidatos se mantienen muy cerca en las encuestas, especialmente en los cruciales estados bisagra.
Kamala Harris, quien asumió la candidatura demócrata tras la histórica retirada de Joe Biden en julio, ha devuelto esperanza a su partido.
Sin embargo, aunque a nivel nacional está empatada o ligeramente por delante de Trump, no ha logrado el impulso suficiente en los estados clave que podrían decidir la elección, como Arizona, Michigan y Pensilvania.
Con un mensaje de “nueva generación”, Harris busca romper con el pasado de Trump y atraer a un electorado diverso. Su programa centrista incluye propuestas para fortalecer la clase media, controlar la inmigración ilegal y defender el derecho al aborto, un tema que pone a los republicanos en una posición incómoda.
Durante el debate de septiembre, Harris atacó a Trump, señalando que los estadounidenses ya lo habían “echado” en 2020.
Por su parte, Donald Trump, en su tercera campaña presidencial, mantiene su postura como antisistema y crítico de las élites de Washington.
Con un discurso enfocado en la lucha contra la migración ilegal y críticas a la inflación, acusa a Harris de proponer medidas “radicales”, apodándola “Camarada Kamala” y comparando su plan económico con políticas de Venezuela o la Unión Soviética.
La creciente tensión política en vísperas de las elecciones del 5 de noviembre ha llevado a medidas de seguridad reforzadas en los centros de votación de los condados más disputados.
Mientras tanto, Trump ha vuelto a insinuar que los demócratas podrían hacer “trampas” en el proceso electoral, en una repetición de sus afirmaciones de fraude en 2020.

