RDÉ DIGITAL, HAITÍ (EFE).- Haití enfrenta una grave crisis humanitaria que afecta especialmente a la niñez, con más de 3 millones de niños y niñas, la cifra más alta registrada, necesitando asistencia urgente debido a la combinación de violencia, pobreza extrema, inestabilidad política y desastres naturales.
El país, que ya enfrentaba una situación de extrema pobreza y falta de servicios básicos, ha visto cómo estos desafíos se intensifican por la creciente violencia de los grupos armados que luchan por el control del territorio, especialmente en la capital, Puerto Príncipe, y las áreas aledañas.
Esta violencia ha paralizado las rutas de transporte y ha interrumpido los servicios esenciales, dificultando la entrega de ayuda humanitaria y aumentando la vulnerabilidad de miles de familias.
Los servicios de salud se encuentran al borde del colapso, con centros médicos inaccesibles para muchas personas debido a las restricciones de seguridad. Además, la inseguridad ha forzado el cierre de cientos de escuelas, lo que ha dejado a miles de niños sin acceso a educación.
La violencia también ha desplazado a más de 360.000 personas, muchas de ellas hacia el sur del país, aumentando la presión sobre las comunidades ya vulnerables.
En un contexto de creciente tensión social, una reciente manifestación en Puerto Príncipe contra la inseguridad fue dispersada violentamente por las autoridades.
Miles de personas, en su mayoría desplazadas, se agruparon para exigir medidas inmediatas contra los grupos armados y la dimisión de los miembros del Consejo Presidencial de Transición (CPT). La manifestación, que se tornó violenta, resultó en al menos dos personas heridas de bala por el uso excesivo de gases lacrimógenos por parte de la policía.
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Al menos dos personas resultaron heridas durante una manifestación contra la creciente inseguridad en Puerto Príncipe, Haití, que fue violentamente dispersada este miércoles por la Policía Nacional de Haití.
La protesta, compuesta mayormente por personas desplazadas, se llevó a cabo en las calles de la capital, donde los manifestantes exigían a las autoridades medidas urgentes para combatir la violencia.
Los manifestantes, quienes en su mayoría se oponen a la administración actual, se acercaron a la Villa d’Accueil en Bourdon, sede del Consejo Presidencial de Transición (CPT) y la oficina del Primer Ministro, pero fueron impedidos de avanzar por los agentes policiales.
Para evitar que la multitud llegara al lugar, los oficiales hicieron uso excesivo de gases lacrimógenos, y en el enfrentamiento, al menos dos personas fueron heridas de bala, según informaron medios locales.
La protesta inicialmente centrada en la demanda de seguridad pronto se transformó en una petición de dimisión de los miembros del CPT, debido a la inacción percibida frente a las bandas armadas que han tomado el control de gran parte de la región metropolitana de la capital, controlando al menos el 85 % de la zona, que alberga a un tercio de la población del país.
Los manifestantes, algunos de ellos armados con machetes y usando pasamontañas, lanzaron piedras y bloquearon el tránsito en las principales vías, generando caos en la zona.
El descontento popular se intensifica debido a la creciente presencia de bandas armadas que, bajo la coalición Vivir Juntos, han ido ganando terreno en las áreas periféricas, sumiendo a la población en un clima de temor e incertidumbre. La respuesta de las autoridades, según los manifestantes, ha sido insuficiente frente a la magnitud de la crisis de seguridad.

