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La inteligencia artificial revoluciona el mundo de la música

RDÉ DIGITAL, FRANCIA.– La creciente presencia de inteligencia artificial (IA) en la música dio un giro inesperado cuando se reveló que The Velvet Sundown, una banda con más de un millón de seguidores en Spotify, no existía realmente, sino que era un proyecto generado completamente por IA. Este hallazgo sorprendió a la industria y abrió un debate sobre los límites éticos y creativos del uso de esta tecnología en la producción musical.

Aunque el caso de The Velvet Sundown fue llamativo, no es un hecho aislado. Cada vez más músicos incorporan la IA en sus procesos creativos. El rapero congoleño-belga Damso utilizó coros generados por IA en su último álbum BEYAH, definiéndola como “una herramienta en prueba”.

Además, artistas como la compositora electrónica francesa Delaurentis y el productor canadiense Caribou emplean la IA para modificar sus voces. En Francia, el rapero Jul generó dudas con su tema Toi et moi, donde la voz aparece alterada al punto de que ni él mismo confirma el uso de IA, aumentando la intriga.

IA generativa

La IA generativa también permite crear pistas instrumentales o canciones completas interpretadas por “artistas falsos”. El productor estadounidense Timbaland lanzó en junio el sello Stage Zero, enfocado en el “pop artificial”. Su primera artista, TaTa, tiene apariencia y estilo de estrella, pero no existe realmente.

Pese a la atención mediática, el impacto real aún es limitado. Según Ulysse Hennessy, director general de Billboard France, más del 18 % del contenido en Deezer es generado por IA, pero representa solo el 0.5 % de las escuchas. En el caso de Jul, el debate gira en torno a la incertidumbre sobre el grado de uso de IA.

Este fenómeno también plantea preocupaciones legales y económicas. La jefa de música de la revista Télérama, Odile de Plas, alerta sobre la necesidad urgente de regulación para garantizar transparencia en el uso de datos por empresas de IA como Suno y Udio, y proteger los derechos de los creadores.

Desafíos.

De Plas destaca que, aunque la música siempre ha reciclado elementos anteriores, la IA presenta nuevos desafíos. Para ella, la diferencia clave es la conexión emocional con el artista, algo que la IA no puede replicar. “Es como amar a un holograma o a una muñeca de silicona: tiene sus límites”, concluye.

El debate apenas comienza, mientras la IA redefine el concepto mismo de creación musical y su impacto futuro en la industria.

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