RDÉ DIGITAL, SANTO DOMINGO.- Después de años de bocinas, caos y paciencia al borde del colapso, el tan esperado paso a desnivel de Pintura finalmente vio la luz este miércoles 8 de octubre de 2025. Con toda la pompa habitual —cinta, discursos y aplausos—, el presidente Luis Abinader y el ministro Eduardo Estrella inauguraron lo que prometen será la “gran solución” al tránsito en Santo Domingo Oeste.
Pero, después de haber visto tantas obras presentadas como “históricas”, los ciudadanos se preguntan: ¿estamos ante una verdadera revolución vial o ante otro monumento al entusiasmo político?
Una obra monumental… en presupuesto y promesas
El paso a desnivel de Pintura no es poca cosa: 480 metros de longitud, cinco carriles (tres en una dirección y dos en otra), un drenaje con capacidad para un millón de galones de agua y una inversión que supera los RD$41 millones de dólares.
Todo suena impecable en el papel. Incluso dicen que reducirá los tapones de más de 70,000 vehículos diarios que transitan por esa intersección donde la Prolongación 27 de Febrero se encuentra con la avenida Isabel Aguiar, mejor conocida como Pintura.
Sí, esa misma donde muchos de nosotros envejecimos esperando que el semáforo cambiara a verde.
Los aplausos: “Por fin alguien hizo algo”
Quienes aplauden la obra tienen razones de sobra.
- Descongestión prometida: El diseño en trinchera debería permitir un flujo continuo de vehículos en ambas direcciones, reduciendo significativamente los embotellamientos.
- Drenaje pluvial: El sistema de almacenamiento de agua y la conexión con la cañada de Guajimía evitarán que la zona se convierta en una piscina cada vez que llueve.
- Impacto urbano: Moderniza un punto neurálgico de entrada y salida de la capital, con mejor iluminación, muros de contención nuevos y señalización moderna.
- Símbolo de progreso: Para muchos residentes y comerciantes, ver la obra terminada es motivo de orgullo. Después de tantos años de promesas, algo concreto (y visible) se logró.
Las dudas: “¿Y los peatones? ¿Y el resto del plan?”
Pero como diría mi abuela: “No todo lo que brilla es asfalto nuevo”.
- Peatones olvidados: La mayoría de los transeúntes coincide en que faltan pasos seguros para cruzar. No todos conducen, y muchos trabajadores aún arriesgarán la vida intentando atravesar la zona.
- Costo elevado: US$80 millones es una cifra que da vértigo. ¿Era la mejor forma de invertirlos? ¿Cuántos semáforos inteligentes, rutas de autobuses o puentes peatonales se habrían construido con parte de ese monto?
- Obras complementarias pendientes: Los semáforos cercanos a la Plaza de la Bandera siguen ahí, y hasta que no se eliminen o coordinen con el túnel norte-sur de Luperón, el “flujo continuo” será más aspiración que realidad.
- Mantenimiento y control: En un país donde la pintura vial dura menos que una promesa electoral, mantener esta obra en condiciones óptimas será un reto mayúsculo.
El verdadero examen: el tiempo y la cotidianidad
Hoy el paso luce reluciente, las paredes aún huelen a cemento fresco y las luces LED brillan como símbolo de modernidad. Pero el verdadero examen comienza mañana, cuando los vehículos vuelvan a llenar la zona, cuando llueva, cuando el primer camión se quede varado o el primer motorista decida inventar su propio carril.
El tránsito no se resuelve solo con cemento, sino con educación vial, planificación urbana y transporte público eficiente. Sin eso, lo que hoy se celebra como “la gran solución” podría convertirse en un túnel de frustración diaria.
En resumen
El paso a desnivel de Pintura es, sin duda, una obra necesaria. Representa avance, inversión y esperanza para una ciudad que ya no soportaba tanto tapón. Pero también es una advertencia: sin continuidad, sin mantenimiento y sin pensar en el ciudadano de a pie, cualquier paso —aunque sea a desnivel— puede terminar siendo un retroceso disfrazado de progreso.
Ojalá, esta vez, la historia no nos pase por encima… en horas pico.


