RDÉ DIGITAL, ESTADOS UNIDOS.- La activista Dolores Huerta murió a los 96 años, dejando un importante legado en la defensa de los derechos civiles y laborales en Estados Unidos. Durante décadas, luchó por los migrantes, los trabajadores agrícolas y las mujeres. Además, popularizó el lema «Sí se puede», convertido en símbolo de movilización social.
Sus familiares confirmaron su fallecimiento este miércoles. Según The New York Times, el portavoz familiar, Erik Olvera, atribuyó su muerte a un cáncer.
En 2012, Huerta recibió la Medalla Presidencial de la Libertad. El entonces presidente Barack Obama le entregó esta distinción por su trayectoria.
Una vida dedicada a la lucha
Huerta nació en 1930 en Dawson, Nuevo México. Sin embargo, creció en California después del divorcio de sus padres. Su madre se trasladó allí con ella y sus cuatro hermanos.
Inspirada por su padre, activista sindical y legislador estatal, comenzó a defender los derechos de los latinos desde joven. Asimismo, trabajó por mejorar las condiciones de vida de las comunidades más desfavorecidas.
A mediados de la década de 1950, se integró a la Organización de Servicio Comunitario (CSO, por sus siglas en inglés). Allí conoció a César Chávez. Posteriormente, ambos impulsarían uno de los movimientos sindicales más importantes del país.
Defensa de los trabajadores agrícolas
En 1962, Huerta y Chávez fundaron el sindicato Trabajadores Agrícolas Unidos (UFW). La organización reclamaba mejores salarios y condiciones laborales dignas para los trabajadores del campo.
Entre sus acciones más conocidas estuvo un boicot nacional contra los productores de uva. Mediante esta campaña, pidió a los consumidores que dejaran de comprar la fruta para presionar por mejoras laborales.
La movilización fortaleció el movimiento campesino. Además, contribuyó al contexto que llevó a California a aprobar una ley en 1975. Esta legislación reconoció los derechos de sindicación y negociación colectiva de los trabajadores agrícolas.
Un legado con luces y sombras
Durante décadas, Huerta defendió los derechos civiles y promovió la participación política de los latinos. Asimismo, apoyó candidaturas demócratas y participó en campañas para movilizar el voto hispano.
Sin embargo, en marzo de 2026, también hizo una revelación que marcó su historia pública. Denunció abusos sexuales que atribuyó a César Chávez durante la década de 1960.
Huerta explicó que guardó silencio durante más de seis décadas para proteger al movimiento campesino. Según su denuncia, de esos abusos nacieron dos de sus hijos.
Por otra parte, fue una crítica de las políticas migratorias de Donald Trump. También cuestionó la separación de familias migrantes durante su gobierno.
El legado de Dolores Huerta trasciende el sindicalismo. Su trayectoria contribuyó a la defensa de los trabajadores agrícolas y a una mayor participación de los latinos en la vida pública. Finalmente, el lema «Sí se puede» permanece como símbolo de lucha por los derechos y la justicia social en Estados Unidos.

