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Enfocarnos en invasión haitiana distrae de verdaderos problemas del país, asegura experta

RDÉ DIGITAL, SANTO DOMINGO.- República Dominicana y Haití no pueden entenderse por separado. Según datos del gobierno dominicano de 2017, aproximadamente medio millón de haitianos residen en República Dominicana, influyendo en la vida diaria del país.

Ambas naciones, situadas en la misma isla en El Caribe, comparten una historia de influencias culturales, lazos de sangre y desafíos comunes como los huracanes y el cambio climático.

El sector agroindustrial, desde hace más de un siglo, se ha visto beneficiado por miles de haitianos que trabajan en industrias en el país. Sin embargo, las relaciones entre ambos gobiernos han empeorado con el tiempo.

Hoy en día, mientras Haití enfrenta una violencia debido a grupos criminales que controlan amplias zonas del país, mientras que ha adoptado estrictas medidas migratorias. Miles de haitianos son deportados a un país donde la comida y los servicios esenciales son escasos.

El presidente Luis Abinader, quien busca la reelección este domingo, ordenó la construcción de una valla fronteriza y solicitó una intervención internacional en Haití.

Abinader sostiene que sus acciones buscan proteger la soberanía dominicana, aunque grupos de derechos humanos denuncian que las detenciones y deportaciones violan leyes nacionales e internacionales.

La experta Bridget Wooding, entrevistada en BBC News, sugiere que estas políticas están impregnadas de un sentimiento antihaitiano que se remonta al siglo XIX. La ocupación haitiana de la isla entre 1822 y 1844 y las diferencias coloniales con Francia han generado históricas rivalidades.

En los últimos 100 años, un corredor de mano de obra haitiana intervino en República Dominicana. Esta dinámica fue reforzada por la ocupación estadounidense de ambos países a principios del siglo XX y formalizada en 1952 mediante acuerdos bilaterales.

Sin embargo, durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo (1930-1961), la comunidad haitiana enfrentó una gran represión, culminando en la masacre de 1937.

La sentencia del Tribunal Constitucional dominicano en 2013, que despojó de la nacionalidad a miles de personas de ascendencia haitiana, exacerbó aún más las tensiones.

Las élites dominicanas han utilizado el antihaitianismo para mantener el control político, catalogando a los haitianos como una amenaza, afirmó la experta.

En el contexto electoral actual, el tema haitiano se utiliza para desviar la atención de problemas internos como la corrupción y los altos precios.

Aunque los ultranacionalistas son pocos en número, su influencia en los medios de comunicación y la política es considerable.

A pesar de estas tensiones, existen esfuerzos alentadores en la frontera, donde actividades culturales y deportivas han demostrado la posibilidad de coexistencia armoniosa. Además, iniciativas artísticas y culturales continúan reforzando los lazos entre ambas naciones.

La presión de la sociedad civil e internacional renovó el Plan Nacional de Regularización para personas ilegales, luego de haberlo suspendido por el conflicto en la frontera.

No obstante, es necesario que el control migratorio respete los derechos humanos y las leyes.

La construcción de una valla fronteriza no resolverá el problema migratorio. Se requiere un proceso de migración ordenada y la eliminación de la corrupción en los puntos de cruce fronterizos.

Los problemas de gobernanza en ambos países necesitan ser abordados para mejorar las relaciones bilaterales.

Comparando con otras fronteras como la de Nicaragua y Costa Rica, que han manejado mejor sus políticas migratorias, República Dominicana puede aprender y adoptar buenas prácticas.

Mientras que la relación con EE.UU. y las historias coloniales compartidas ofrecen una base para construir un entendimiento mutuo.

La educación y la creación de nuevos libros de texto que reflejen una historia equilibrada son fundamentales para contrarrestar los prejuicios. Fomentar intercambios culturales a través de la isla es crucial para mejorar la comprensión y las relaciones entre los ciudadanos de ambas naciones.

El presidente Luis Abinader, posiblemente reelegido, debe reflexionar sobre las políticas recientes y considerar enfoques más adecuados para fortalecer las relaciones entre República Dominicana y Haití.

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