RDÉ DIGITAL, SANTO DOMINGO.- Las intérpretes que personificaron a las hijas de Bernarda Alba también destacaron en sus actuaciones y fungieron como espejo para reflejar la experiencia de cada mujer que vivió en una época de cambio social entre la tradición conservadora y el deseo de libertad.
Nileny Dippton, en el papel de Angustias, llevó con gracia el peso de ser una romántica que alcanza los cuarenta años soltera, pero con una gran fortuna, momento en el que aparece un pretendiente con la intención de casarse con ella, Pepe el Romano. Experimenta la presión del matrimonio y se debate entre el amor y la ambición, generando empatía con el público cuando enfrenta las críticas y advertencias implacables de sus hermanas, marcadas por la envidia.
Sobre la obra
Judith Rodríguez, interpretando a Martirio, encarnó a una mujer que reprime sus deseos para mantener la imagen y el honor familiar, defendiendo lo que considera correcto a toda costa.
Paloma Palacios (Magdalena), Lía Briones (Amelia) y Mary Gaby Aguilera (Adela) representaron a una nueva generación que brilló en el escenario.
Lía Briones personificó a Amelia, la hija dócil y obediente que se ajusta a las normas y expectativas impuestas por su madre y la sociedad.
Paloma fue Magdalena, la hermana melancólica y resignada que acepta su solitaria realidad y se opone al matrimonio.
En medio del bordado y las largas tertulias en la sala, las hermanas compartían sus sueños y anhelos no cumplidos, desde casarse hasta simplemente escapar de la prisión que era su hogar.
Por su parte, Adela, interpretada por Mary Gaby Aguilera, quien previamente actuó en “Juana la loca” (2023), mantuvo la rebeldía como la hija menor de Bernarda Alba. Fue la insurgente, valiente y de espíritu libre que desafió a su madre, a sus hermanas y a las normas sociales para perseguir sus propios deseos, correctos o no.
Judith y Mary Gaby destacaron en la escena de la pelea por el amor de Pepe el Romano.
Las cinco hijas de Bernarda Alba vestían de negro absoluto, como mandaba la tradición de luto por la muerte del segundo esposo de la matriarca.
En el segundo acto, Adela sorprendió al aparecer vestida de verde, simbolizando la esperanza, ante la sorpresa de las demás.
El elenco se complementó con Isabel Spencer como “La Poncia”, la astuta criada que sirvió como hilo conductor y voz de la conciencia, y Wendy Alba (la abuela María Josefa) y La Mendiga, que aportaron realismo y humor.
Johanna González (La Criada) fue testigo silencioso de los conflictos en “La Casa de Bernarda Alba”, representando la voz de la servidumbre en un hogar marcado por la opresión y las divisiones de clase.
A pesar de tratarse de una obra clásica con una trama conocida, el desenlace sigue siendo impactante gracias al talento único de cada actriz.
El amor por Pepe el Romano fue el punto crucial en la relación entre unas hermanas que luchaban por su afecto.
“Ser mujer es una maldición en este pueblo”, expresaron Amelia y Magdalena resignadas, reflejando la injusticia social para las mujeres en la visión de Lorca.
La muerte llegó de nuevo a la Casa de Bernarda Alba. Ante la partida de la hija más rebelde, Elvira Taveras cerró con un parlamento sombrío y contundente.
La oscura casa fue testigo de cómo la opinión pública pesaba más que el dolor. “Mi hija ha muerto virgen”, afirmó Bernarda Alba, con firmeza ante la incredulidad de las demás.
Con una música tenebrosa de fondo, Bernarda Alba cerró el tercer acto: “Y no quiero llantos. La muerte hay que mirarla cara a cara. ¡¡¡Silencio!!!”.
“La casa de Bernarda Alba”, una obra que desafía las expectativas sociales del siglo XX, dirigida por Fidel López, continúa el 12 y 13 de abril en la Sala Manuel Rueda de la Escuela de Bellas Artes.

