El acto se celebró en el Teatro Campoamor de Oviedo, en el norte de España. Allí, Barnes sostuvo que las artes pueden aparentar progreso, aunque muchas veces expresan nuevas versiones de verdades antiguas.
Para explicar su planteamiento, citó episodios de Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes. Según el escritor, algunas escenas presentan características que hoy se relacionan con la posmodernidad, la intertextualidad y la metaficción.
Asimismo, comparó la influencia de Cervantes con la que ejerció el pintor Diego Velázquez sobre el impresionista francés Auguste Renoir. Tras contemplar las obras de Velázquez en España, Renoir habría afirmado que todo ya estaba dicho.
Barnes cuestiona la idea de progreso artístico
El novelista recordó que, durante su juventud, creía que cada disciplina artística avanzaba de manera inevitable. Además, consideraba que las obras más novedosas eran necesariamente mejores.
Sin embargo, su visión cambió con el tiempo. Barnes recordó cómo el filósofo Voltaire reconocía el genio de William Shakespeare, aunque criticaba su supuesto desconocimiento de las normas dramáticas y del buen gusto.
Ahora, el escritor imagina a los autores de distintas épocas reunidos en una misma mesa. Desde esa perspectiva, conversan entre sí a través de sus obras, pese a las diferencias históricas y culturales.
En ese diálogo imaginario, Renoir preguntaría a Velázquez cómo pintó sus cuadros. Asimismo, Voltaire revisaría sus críticas a Shakespeare y Gustave Flaubert expresaría su admiración por Cervantes.
Barnes también incluyó su propia obra en esa conversación entre escritores. Mencionó El loro de Flaubert, novela que publicó un siglo después de la muerte del autor francés.
El escritor británico, nacido en Leicester en 1946, publicó este año Despedidas, libro con el que puso punto final a su carrera literaria.

