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julio 14, 2024
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Amor Fati

La ansiedad social es más que timidez, es un trastorno incapacitante

RDÉ DIGITAL, SANTO DOMINGO.- La ansiedad social, también conocida como fobia social, se caracteriza por un miedo intenso y persistente a situaciones sociales o actuaciones en las que la persona siente que puede ser juzgada, evaluada o humillada por los demás.

Aunque a menudo se confunde con la timidez, la ansiedad social es un trastorno psicológico incapacitante con un diagnóstico validado por la comunidad científica.

Diferencias entre ansiedad social y timidez

La timidez es una tendencia de personalidad que afecta ciertos comportamientos y pensamientos, mientras que la ansiedad social es un trastorno psicológico más grave. Este trastorno provoca síntomas que interfieren significativamente en la vida diaria del individuo y requiere un diagnóstico diferencial para distinguirlo de otros problemas de ansiedad.

Algunos artículos científicos indican que las situaciones desencadenantes y su impacto en la vida cotidiana son aspectos clave para realizar un diagnóstico diferencial. Por ejemplo, en los ataques de pánico, los desencadenantes son difusos, mientras que en la ansiedad social, las situaciones sociales específicas, como hablar en público o comer frente a otros, son los detonantes.

En la ansiedad generalizada, el miedo se vincula con posibles catástrofes no necesariamente enmarcadas en un contexto social, mientras que la ansiedad social se centra en el temor a la evaluación negativa.

El cerebro de una persona con ansiedad social presenta varios procesos específicos:

– Activación de la amígdala: Esta estructura, crucial en el procesamiento de emociones desafiantes como el miedo, se hiperactiva, incrementando la percepción de amenaza en situaciones neutras.

– Implicación del hipocampo: Encargado de la formación y recuperación de recuerdos, mantiene la fobia al anticipar miedo por situaciones futuras basadas en fragmentos de memoria.

– Inhibición de la corteza prefrontal: Esta área, responsable de la regulación emocional, puede desactivarse, exacerbando la respuesta emocional y dificultando la racionalización de la situación.

– Anomalías en las redes neuronales: Las áreas temporo-parietales y la corteza cingulada anterior, implicadas en la percepción social y la empatía, pueden alterarse, llevando a una interpretación errónea de las intenciones y actitudes de los demás.

Tratamiento y manejo

El tratamiento de la ansiedad social incluye terapia psicológica y, en algunos casos, medicación. La terapia cognitivo-conductual y la terapia de exposición son las más efectivas, especialmente cuando se utilizan herramientas de realidad virtual. Además, se recomiendan las siguientes pautas de conducta:

– Entrenamiento gradual de habilidades sociales: Exposición paulatina a situaciones menos intimidantes en grupos reducidos y de confianza.

– Técnicas de respiración profunda y relajación muscular.

– Identificación y análisis de pensamientos negativos automáticos.

– Ejercicio físico: El movimiento ayuda a regular la ansiedad mediante la activación de procesos metabólicos y la generación de sustancias químicas.

La falta de información puede llevar a una actitud pesimista o desatenta hacia diagnósticos como la ansiedad social. Es crucial concienciar a la población bajo lemas como «no hay salud sin salud mental» y «¿si no se visibiliza no existe?», para fomentar una mayor comprensión y apoyo hacia quienes padecen este trastorno.

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