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Opinión

Los estratos de la profundidad simbólica

No podemos dejar de lado el hecho de que la profundidad simbólica del texto (sagrado, profano, histórico, bíblico o testimonial), se expresa en su propia cartografía significante, así como en las líneas que se conjugan en las capas de sentido del mismo. Este hecho de por sí participa de una interpretación abierta mediante la cual los textos de la Biblioteca de Nag Hammadi, la apocalíptica apócrifa y otros textos liberados del olvido, se nutren de evangelios, hechos y cartas testamentarias, con variados niveles de autoridad religiosa y, ante todo, con diversos grados de comprensión testimonial de la vida mística, social y simbólica.

Como se puede observar en Antonio Piñero (Ed): Textos gnósticos. Biblioteca de Nag-Hamamadi II. Evangelios, hechos, cartas, Ed. Trotta, Madrid,1999; véase también los comentarios, anotaciones, estudios y doxa crítica de José Monserrat Torrents, Francisco García Bazán, Fernando Bermejo y Ramón Trevijano), la escritura gnóstica o apócrifa se expresa como, o, a modo de revelación oculta a partir de una antropología de la voz protobíblica, bíblica y postbíblica.

En el Evangelio de María (BG85021:7,1-10,10;15,1-18,20), las palabras de Jesús y María se explican en el orden de cierta obediencia y un recorrido que no se ajusta en todo al texto ofrecido y redactado por los LXX. En la introducción, Monserrat Torrents nos ofrece informaciones sobre el mismo Evangelio… en contexto de estudio, crítica y lengua:

El Evangelio de María es el primero de los cuatro tratados de un códice papiráceo conservado desde 1896 en el Departamento  Egiptología de los Museos Nacionales de Berlín, bajo la sigla BG8502… El papiro BG8502 tenía originalmente 72 hojas, de las que se conservan 65. El evangelio de María ocupa una séptima parte del total, y se halla en estado lagunoso; faltan las páginas del 1-6 y de 11-14. El título aparece en el explicit… La lengua es el dialecto sahídico del copto, con influjos del subacmímico y quizás también del fayúmico (según W.C.Till). La estrecha conexión de este códice con los de Nag-Hammadi invita a publicar junto con la entera Biblioteca los dos tratados que no figuran en aquella: el Evangelio de María y La Hija de Pedro”. (Ed.cit.p.127).

El tratado, según se informa más adelante, está compuesto por la reunión de Jesús con los apóstoles y María Magdalena después de la resurrección y los temas son: la materia y el mundo, la materia y el pecado, la visión de María, la ascensión del alma y María Magdalena reveladora de Jesús (vid, p.128, ed. cit).

“Los personajes que intervienen en la obra son, además de Jesús, tres apóstoles (Pedro, Andrés y Leví) y María Magdalena, que es la verdadera protagonista. El nombre de María aparece en este texto bajo la forma aramea “Mariam”, derivada del hebreo Myriam. En los evangelios canónicos aparecen, incluso en un mismo autor, las formas Mariam y María”. (Cf.mc 15,10; Lc. 1,27 y 8,7)” (ibíd., p.129).

El logos del salvador se mueve como símbolo y voz en materia y espíritu. Las palabras de Jesús constituyen un Evangelio en el sentido canónico de la palabra. La materia y el pecado constituyen las bases de su explicación:

“[…] entonces, ¿será destruida o no la materia? El salvador dijo: “Todas las naturalezas, todas las producciones y todas las criaturas se hallan implicados entre sí, y se disolverán otra vez en su propia raíz, pues la naturaleza de la materia se disuelve en lo que pertenece únicamente a su naturaleza. Quien tenga oídos para escuchar, que escuche. (Ed.cit. p.132).

“… El salvador dijo: “no han pecado, sin embargo, vosotras cometéis pecado cuando practicáis las obras de la naturaleza del adulterio denominada “pecado””. Por eso el bien vino entre vosotros, hacia lo que es propio de toda naturaleza, para restaurarla en Ɩ su raíz”. (Ed.cit. p.133).

En el caso de las Palabras de María Magdalena, la visión que conforma el intertexto inspira y conduce a la expresión dialógica del mismo, relacionando alma y espíritu en el intelecto. La dialogicidad como encuentro de visiones permite también la transformación de la substancia espiritual en logos o palabra-discurso, instituida en el nombre de Jesús y María Magdalena. Así, la Visión de María muestra una verdad de nivel gnóstico y testamentario:

Yo-dijo-vi al señor en una visión y le dije: “Señor hoy te he visto en una visión”. Él respondió y me dijo: “Bienaventurada eres, pues no te has turbado al verme, pues allí donde está el Intelecto, allí está el tesoro”. Yo le dije: “Señor, ahora el que ve la visión ¿La ve en alma o en espíritu?”. El salvador respondió y dijo: “No la ve ni en alma ni en espíritu, sino que es el intelecto que se halla en medio de ellos el que ve la visión …” (op.cit. p.135).

La visión en este caso implica una mirada interior y a la vez exterior. María Magdalena va al salvador y a la vez le interroga sobre el ver la visión en alma o en espíritu. El intelecto funciona en este pasaje como mediador y como mediación de vida y comprensión entre dos visiones.

Un pasaje que resultaría controversial, en este sentido, es el relativo a la subida del salvador y el reproche de María Magdalena al respecto: En la ascensión del alma dice María Magdalena lo siguiente:

“[…] a él, y la concupiscencia dijo: “no te he visto bajar y ahora te veo subir. ¿Por qué mientes si me perteneces?” El alma respondió diciendo: “Yo te he visto, pero tú no me has visto ni me has reconocido…” (Op.cit. p.136)

El Epílogo donde María Magdalena se muestra como defensora y reveladora de Jesús toca el punto que muchos entusiastas y fabuladores quieren observar, a propósito de la relación de “cercanía” entre ella y el salvador. Así el autor de este evangelio en arameo nos dice: (ed.cit.p.137) lo siguiente:

“Después de decir todo esto, Mariam permaneció en silencio, dado que el salvador había hablado con ella hasta aquí. Entonces, Andrés habló y dijo a los hermanos: “Decid lo que os parece acerca de lo que ha dicho. Yo, por mi parte, no creo que el salvador haya dicho estas cosas. Estas doctrinas son bien extrañas”. Pedro respondió hablando de los mismos temas y les interrogó acerca del salvador: “¿Ha hablado con una mujer sin que lo sepamos, y no manifiestamente, de modo que todos debamos volvernos y escucharla? ¿Es que la ha preferido a vosotros? Entonces Mariam se echó a llorar y dijo a Pedro: “Pedro, hermano mío, ¿qué piensas? ¿Supones acaso que yo he reflexionado estas cosas por mí misma o que miento respeto al Salvador?”

En efecto, el Evangelio de María, ha despertado curiosidad en este sentido y en otros que se especulan, cuando desde el punto de vista literario postmoderno, algunos escritores y teólogos disidentes tocan el punto para discutir niveles de relaciones internas de la comunidad cristiana primitiva y sus quebraduras (¿éticas, morales?), en cuanto a establecer cierto tipo de Eros o Agapé en el cristianismo, pero sobre todo poner en dudas ciertas “verdades” o claves de entendimiento, a propósito de algunas sectas derivadas del cristianismo de los primeros siglos antes de muestra era y después.

En una nota explicativa (véase nota, No. 21 de la misma página, citada) el autor del aparato crítico en cuestión observa lo siguiente:

“La animosidad de Pedro frente a María Magdalena aparece en otros textos gnósticos. En el log.114 del Evangelio de Tomás Pedro exclama: “Que María se vaya de entre nosotros, pues las mujeres no son dignas de vida”. En la Pistis Sophia dice: “Señor, no podemos soportar a esta mujer que nos quita el lugar y no deja hablar a ninguno de nosotros mientras ella habla siempre” (I,C,36),(p.137,ed.cit).

El Evangelio de María Magdalena o Evangelio Mariam supone huellas, indicios, signos o símbolos de comprensión del mismo, a partir de una errancia misma del texto que ha emigrado, se ha insertado y se ha derivado de la imagen-esencia del mismo apócrifo como núcleo comunitario y como ley o canon interpretable desde la historia de las formas y la historia de la tradición. El conflicto Pedro-María Magdalena, apóstoles, se lee en pasajes de otros evangelios, como el de Tomás, y en la misma Pistis Sophia (fe y sabiduría), como núcleo intertextual que asimila visión y teología oracular en el marco de las interpretaciones del cristianismo primitivo y sus principales crisis que llevarán al establecimiento de algunas reglas y saberes esotéricos y cabalísticos destacados por especialistas en el judaísmo antiguo y cristianismo de los primeros siglos de la iglesia.

Pero de la Pistis Sophia, el Evangelio de Felipe, la Oración de Pablo y la Sabiduría de Jesucristo se derivan las marcas simbólicas, imágenes y tópicos oraculares que conforman una materia y un predicamento de lectura. Es el concepto de verdad el que en un trazado apostólico y confesional produce el estremecimiento de la significación y de la tradición de imágenes simbólicas y literarias al interior del texto evangélico.

Los estratos de la profundidad simbólica se encuentran en el libro abierto de la vida. En este caso, vida, sabiduría y origen del logos están ligados a una fase del poder sagrado e iniciático. Vida es en este caso un núcleo totalmente revelado que en el contexto de ciertas comunidades cristianas conduce a la comprensión de una elite comunitaria que remite a la ley, el origen y al cuerpo-lenguaje en su diversidad interpretativa. Las voces que surgen desde los “enviados” se manifiestan a partir de la Fe (Pistis) y la sabiduría (Sophia), de tal manera que la legibilidad es el orden que en el texto asegura la base de significación y situación.

El texto gnóstico y oracular se estima entonces bajo la forma oral, escrita y difusa de la tradición y sus ejes de trasmisión. Los transformantes o narratemas de base cualifican y se instituyen en las cardinales neotestamentarías y veterotestamentarias. Así las cosas, el intertexto se reconoce en los siguientes puntos o ejes de significación:

  • Logos
  • Creencia
  • Sabiduría
  • Oración
  • Ley
  • Canon
  • Materia bíblica
  • Forma-sentido del texto bíblico y postbíblico
  • Funciones del texto bíblico, fluencia o dinamismo intertestamentario

Cada punto o eje conduce, en cada caso, a una problemática reveladora de elementos simbólicos, ceremoniales y religiosos que implican el marco abierto de la metainterpretación o la sobreinterpretación. Los targumim arameos funcionaban como traductores orales. Pues eso significa targum en el arameo literario y oral. El targum o los targumim como hermenéutica eran la forma de hacer claro, visible y popular un texto que debía ser dicho o recitado de memoria para el pueblo que era indocto y no entendía el hebreo sinagogal. La biblia en arameo tenía cierta influencia en la Septuaginta o Biblia de los LXX.

La metainterpretación o sobreinterpretación del texto gnóstico no- bíblico, se fundamenta en los niveles de lectura de los mundos comunitarios y religiosos, habida cuenta de que aquello que hace posible la emigración simbólica, religiosa, literaria y ceremonial adquiere su valor en Cartas, Hechos, Evangelios, Oraciones, Tratados, Logos, Liturgias y otras figuras y tejidos verbales que encontramos también en el texto judaico, cristiano, cabalístico, midrásico, talmúdico y zohárico, entre otros.

Lo que impone y a la vez implica el tratamiento del texto gnóstico en sus variantes, hoy conlleva una economía simbólica y a la vez las líneas exegéticas, hermenéuticas y comprensivas de una bibliografía y cristología no sólo fontal e histórica, sino más bien de una cristología vivencial que pueda revelar las características y funciones de un cristianismo basado en la apertura y la transparencia de la palabra o logos manifestante de una forma y una tradición oracular reconocida en la historia generada por los últimos descubrimientos de la ciencia bíblica constituida por dominios tales como la arqueología, la filología veterotestamentaria, neotestamentaria e intertestamentaria, historia de las formas de la tradición, de los símbolos, imágenes culturales de la cristiandad y de los textos apócrifos, evangelios sinópticos, hechos o cartas alegóricas y otras visiones propias de la comunidad cristiana primitiva.

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