RDÉ DIGITAL, SAN JUAN.- La paralización del proyecto minero Romero, en San Juan, ha vuelto a poner sobre la mesa una idea poderosa: cuando la gente se une, puede lograr cambios reales. Más allá de lo legal o político, lo ocurrido refleja el peso de la presión social organizada.
“Los indios se extinguieron”
Decir que “los indios se extinguieron” puede leerse como una frase simbólica, pero en este contexto refleja algo más profundo: las promesas de progreso a cambio de una explotación permanente de nuestros recursos ya no convencen.
Un pueblo que ha despertado no acepta los mismos discursos del pasado. Basta mirar a Cotuí, donde antes predominaban el verde y la vida, y hoy muchos ven señales de deterioro. Por eso, esos relatos han sido superados por una ciudadanía más consciente y exigente.
La decisión presidencial
Por otro lado, la decisión del presidente Luis Abinader de detener el proyecto no ocurrió en el vacío. Al contrario, llegó luego de semanas de protestas, reclamos y llamados de comunidades que se sentían amenazadas por la explotación minera promovida por GoldQuest Mining Corp..
Un pueblo unido, jamás será vencido
Además, lo que pasó en San Juan deja una lección clara. Cuando un pueblo se organiza, tiene la capacidad de influir directamente en decisiones importantes del país.
La frase “un pueblo unido, jamás será vencido” cobra sentido en este contexto. No se trata de negar las dificultades históricas, sino de reconocer que la gente puede levantarse y hacerse escuchar.
Asimismo, esta situación demuestra que la participación ciudadana no es un simple discurso. Es una herramienta real que puede cambiar el rumbo de proyectos que afectan a comunidades enteras.
En definitiva, el caso de la mina Romero no es solo un tema ambiental. Es también una muestra de que la fuerza colectiva sigue siendo clave en la defensa de los intereses del pueblo dominicano frente a grandes intereses económicos.

