RDÉ DIGITAL, SANTIAGO DE CHILE (EFE).- El impacto de no abordar la crisis del hambre y la malnutrición en América Latina y el Caribe equivale en promedio al 6.4 % del PIB de los países analizados, según informaron la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
“La tasa de pobreza extrema en la región alcanzó el 11.4 % en 2023, de acuerdo con estimaciones de la Cepal, lo que implica que más de 70 millones de personas en la región carecen de ingresos suficientes para adquirir una canasta básica de alimentos”, declaró el Secretario Ejecutivo de la Cepal, José Manuel Salazar-Xirinachs.
Contrariamente al costo de no actuar frente a la hambruna, el informe señala que el costo “para cerrar la brecha de ingresos con transferencias para acceder a dietas saludables es del 1.5 % del PIB, sin incluir costos de gestión e implementación”.
El informe, que resalta la “importancia de invertir en agricultura y la necesidad de realizar otras intervenciones para reducir la inseguridad alimentaria y la malnutrición”, también contó con la colaboración de otras entidades como el Programa Mundial de Alimentos (WFP) y el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA).
“La insuficiencia de ingresos para acceder a una dieta saludable y nutritiva es una de las principales causas de la hambruna y la inseguridad alimentaria en América Latina y el Caribe. De hecho, esta región tiene el costo más elevado de una dieta saludable en el mundo”, afirmó la directora regional de WPF para esta región, Lola Castro.
Según las organizaciones, el problema principal “no radica en la escasez de alimentos, sino en la falta de acceso físico y económico, especialmente en áreas rurales pobres y con poblaciones vulnerables”.
“Esta problemática es más pronunciada entre las mujeres, la población indígena y los habitantes de zonas rurales. Por ello, es crucial promover políticas públicas inclusivas y mejorar la focalización del gasto público, con el fin de impactar directamente a las poblaciones en situación de vulnerabilidad”, explicó Salazar-Xirinachs.
“Actualmente, más de la mitad del total de las transferencias monetarias en América Latina y el Caribe se destinan a hogares con ingresos per cápita superiores a la línea de pobreza”, concluyó.
El mes pasado, los países de América Latina y el Caribe se comprometieron a erradicar el hambre, la pobreza y las desigualdades estructurales para garantizar el derecho a una alimentación adecuada, sin dejar a nadie rezagado.

