RDÉ DIGITAL, SANTO DOMINGO.– El actor Luis José Germán debutó con su primer monólogo “Todas las cosas maravillosas”. Se trata de una puesta en escena íntima e inmersiva. Además, rompe la separación tradicional entre intérprete y público, al integrar a los asistentes dentro de la experiencia teatral.
La obra fue producida por la Compañía de Teatro Niní Germán. Está basada en el texto del dramaturgo británico Duncan Macmillan. La historia sigue a un niño que elabora una lista de “cosas maravillosas” para ayudar a su madre a encontrar razones para seguir adelante. A partir de esta premisa, la pieza aborda temas como el duelo, la empatía y la salud mental.
Una puesta en escena íntima e inmersiva
El montaje se sostiene sobre una propuesta escénica cuidadosamente construida. La iluminación acompaña los cambios emocionales del relato y marca el ritmo de la historia. Asimismo, la musicalización y los recursos sonoros refuerzan la atmósfera íntima de la obra.
La pantalla se integra como un recurso narrativo adicional. Aporta imágenes y recuerdos que amplifican la conexión emocional con el público. De esta forma, la obra combina lenguaje teatral y audiovisual en un mismo espacio escénico.
Interpretación, participación del público y experiencia colectiva
Luis José Germán sostiene la obra con una interpretación continua y cercana. Además, incorpora fragmentos musicales que refuerzan la carga emocional del montaje. El actor se desplaza entre los espectadores, eliminando la distancia tradicional entre escenario y audiencia.
El formato permite la participación activa del público. Algunos asistentes intervienen en la trama, asumen personajes improvisados y responden preguntas en escena. En consecuencia, se generan momentos espontáneos de humor, vulnerabilidad y conexión emocional.
La función se desarrolla en Escenario 360 como una experiencia compartida. El público no solo observa la historia, sino que también la construye en tiempo real junto al actor.
Una reflexión sobre la fragilidad humana
Al cierre, la obra deja una reflexión abierta sobre la fragilidad humana y la necesidad de acompañamiento emocional. Más que una función convencional, se trata de una experiencia inmersiva donde ficción y realidad se entrelazan.
En última instancia, la puesta en escena plantea una pregunta implícita: cómo se construyen las “cosas maravillosas” que sostienen la vida cotidiana.

