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Cuando formar una familia se convierte en un lujo: dinero, tiempo y formación

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RDÉ DIGITAL, SANTO DOMINGO. – En la primera entrega expuse que los nacimientos registrados en el Distrito Nacional disminuyeron de 31,841 en 2021 a 18,888 en 2025: una caída de 40.7 % en cuatro años. La magnitud del descenso obliga a estudiar seriamente las condiciones que enfrentan quienes desean formar una familia.

El problema no se limita al costo de alimentos, salud o educación. Tener un hijo también exige vivienda adecuada, estabilidad laboral, transporte y, sobre todo, tiempo.

Para numerosos padres dominicanos, el día comienza alrededor de las seis de la mañana y termina después de las siete de la noche. Entre la jornada laboral y el desplazamiento quedan pocas horas para revisar tareas, corregir comportamientos, enseñar modales, transmitir valores y fe o simplemente conversar con sus hijos.

No se trata de falta de amor. Se trata de una organización económica y urbana que obliga a muchas personas a elegir entre producir los ingresos necesarios para sostener el hogar y disponer del tiempo requerido para formar a sus hijos.

Cuando tener un hijo exige dinero que la familia no posee y tiempo que el trabajo no permite, formar una familia comienza a convertirse en un lujo.

Las decisiones también familiares son macroeconomía

Robert E. Hall y Michael Woodford recibieron el Premio Nobel de Economía 2026 por desarrollar los fundamentos microeconómicos de la estabilización macroeconómica. Su contribución parte de una idea determinante: los grandes resultados económicos surgen de millones de decisiones tomadas individualmente por hogares y empresas.

Hall demostró que las familias deciden cuánto consumir y ahorrar considerando no solamente sus ingresos presentes, sino también lo que esperan recibir en el futuro. Woodford incorporó las expectativas de hogares y empresas a modelos que explican el consumo, la inflación, la producción y los efectos de las políticas públicas.

Sus investigaciones nos enseñan que para comprender un fenómeno nacional debemos estudiar las decisiones y restricciones individuales que lo producen.

Una pareja que posterga tener hijos por el costo de la vivienda toma una decisión privada. Otra que teme perder estabilidad profesional o no disponer de tiempo suficiente para criar hace lo mismo. Cuando miles de hogares llegan a conclusiones similares, esas decisiones terminan modificando la natalidad, el consumo, la fuerza laboral y la futura sostenibilidad del sistema de pensiones.

La macroeconomía también se construye dentro de los hogares.

Retomar los politécnicos con internado

Durante su participación en el pódcast Los Gómez , Letty Rivera planteó la importancia de retomar los esfuerzos relacionados con los internados y politécnicos .

La propuesta merece convertirse en una conversación nacional.

República Dominicana debe evaluar una nueva generación de politécnicos con residencias estudiantiles, internos semanales y programas complementarios de jornada extendida . Esta sería una alternativa voluntaria para familias que necesitan apoyo educativo, técnico y formativo.

Estos centros podrían priorizar a adolescentes:

  • Procedentes de hogares cuyos padres cumplen jornadas laborales prolongadas.
  • Residentes en comunidades alejadas de centros educativos especializados.
  • Interesados ​​en una formación técnica no disponible en sus localidades.
  • Jóvenes sobresalientes que puedan ser retados a un pensum más exigente.

El país cuenta con precedentes de cooperación entre el Ministerio de Educación, INFOTEP, organizaciones empresariales, instituciones educativas y entidades religiosas para convertir liceos en politécnicos. Solo debemos retomar esos esfuerzos y agregar una dimensión residencial donde exista demanda comprobada.

Educar para el trabajo y para la vida

Un politécnico con internado no puede limitarse a ofrecer alojamiento, alimentación y asignaturas técnicas. Deben constituirse como una comunidad educativa integral.

Su programa debería combinar:

  • Formación técnica vinculada con empleos reales.
  • Inglés, tecnología y alfabetización financiera.
  • Deportes, cultura y servicio comunitario.
  • Disciplina, higiene, puntualidad y convivencia.
  • Orientación psicológica y acompañamiento vocacional.

El vínculo familiar es esencial y debe preservarse. Los padres continuarían participando en las decisiones fundamentales mediante visitas, talleres y seguimiento periódico. Dependiendo de la modalidad, los estudiantes regresarían a sus hogares durante los fines de semana y períodos establecidos.

El internado debe complementar a la familia, nunca reemplazarla.

Iglesias y sociedad civil ante una necesidad inmediata

La Iglesia católica y otras denominaciones cristianas pueden desempeñar un papel importante. Durante generaciones han administrado escuelas, centros de formación, programas comunitarios y obras sociales en lugares donde la presencia del Estado ha sido insuficiente.

Poseen experiencia educativa, infraestructura, presencia territorial y una tradición de servicio que puede ponerse al alcance de esta necesidad.

Su participación debe estructurarse mediante convenios transparentes, estándares académicos comunes, auditorías independientes, certificados personales y protocolos estrictos de protección de niños y adolescentes. La enseñanza de la fe deberá responder a la decisión informada de cada familia y respetar la libertad de conciencia.

Para ello propongo a monseñor Víctor Masalles para encabezar esta iniciativa. Su formación pedagógica, preparación académica y vocación de servicio serán cruciales para su diseño, mediación y sostenibilidad.

Frente a una necesidad inminente que empresarios y gobernantes han relegado, la sociedad civil no puede permanecer esperando. Iglesias, fundaciones, universidades, cooperativas y organizaciones sin fines de lucro pueden aportar instalaciones, becas, voluntarios, gestión y acompañamiento.

Esta participación no libera al Estado de su responsabilidad. El Gobierno debe regular, supervisar, acreditar, proteger a los estudiantes y financiar las plazas destinadas a familias vulnerables.

Los empresarios también deben participar.

El sector empresarial suele señalar la falta de técnicos, competencias y disciplina laboral. Pero no puede reclamar trabajadores mejor preparados sin participar en su formación.

Las empresas pueden equipar talleres, financiar becas y residencias, actualizar programas técnicos, facilitar instructores, ofrecer pasantías remuneradas y crear rutas hacia el primer empleo.

La colaboración entre IMCA dominicana y el Instituto Politécnico Loyola es una gran referencia de cómo esta sinergia puede mejorar las condiciones tanto de las empresas como de los ciudadanos. Esto no es filantropía aislada, sino una inversión en productividad, seguridad y cohesión social.

Los parámetros también deben revisar las condiciones que producen pobreza de tiempo. Transporte colectivo empresarial, guarderías y licencias parentales permitirían que madres y padres participen más activamente en la crianza.

Una política nacional para apoyar la crianza.

La respuesta a la reducción de los nacimientos no puede consistir en un bono aislado. República Dominicana necesita una arquitectura integral que acompañe a la familia desde la primera infancia hasta la inserción laboral.

Propongo:

  • Promulgar una ley que establezca una licencia parental compartida , para equilibrar las responsabilidades y reducir la penalización laboral concentrada sobre la madre.
  • Incentivar a las empresas que ofrecerán guarderías, transporte, flexibilidad laboral y modalidades de trabajo remoto a sus colaboradores.
  • Impulsar viviendas amplias cerca del empleo y del transporte colectivo , reduciendo las horas perdidas en desplazamientos.
  • Crear una red piloto de politécnicos con internado y residencias semanales , operada mediante alianzas entre el Estado, iglesias, empresas y organizaciones sociales.

Apoyar a la familia para que pueda seguir siendo familia

El núcleo familiar siempre será el principal espacio de formación de los ciudadanos. Precisamente por eso necesita apoyo.

No podemos exigir a los padres que trabajen desde antes del amanecer hasta la entrada la noche y después responsabilizarlos exclusivamente por las consecuencias de su ausencia. Tampoco podemos esperar que la escuela resuelva por sí solos problemas económicos, familiares y comunitarios acumulados durante años.

La respuesta requiere corresponsabilidad.

El Estado debe financiar y supervisar. Los empresarios deben participar en la formación y revisar determinadas prácticas laborales. Las iglesias pueden aportar infraestructura, valores y acompañamiento. La sociedad civil puede innovar, ejecutar y vigilar. Los padres deben participar activamente.

La caída de la natalidad no se enfrentará mediante discursos.

Primero debemos construir una sociedad donde quienes desean formar una familia puedan hacerlo sin sacrificar su estabilidad económica, su carrera profesional o el tiempo necesario para educarla.

Un hijo necesita alimentos, vivienda, educación y salud. Pero también necesita presencia, disciplina, conversación, límites, ejemplos, valores y fe.

Formar una familia no debería ser un lujo. Tener tiempo y apoyo para criarla tampoco.

Por Jacek Swiatkowski De Lara

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